La subida real de los salarios en los últimos dos años y el alto coste de los despidos explican que España sea el país de la Unión Europea (UE) que más empleo destruye, indicó el presidente de la Comisión de Economía de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), José Luis Feijo.
A este lumbreras hay que jubilarle ya con una pensión vitalícia. Su contribución al ranking de mayores disparates así lo merece. En una sola frase ha rebasado los límites de los fundamentos de la moralidad para dejarnos esta perla cultivada que en nada se corresponde con la verdad y realidad del mercado laboral en España.
Voy a rebatir la primera parte de la frase. Los salarios durante 2008 y 2009, en las empresas que sus trabajadores han visto aumentada su nómina, lo han hecho en su mayor parte en concordancia con el aumento de la inflación. Hay que recordarle al Señor Feijo que a finales de 2006 los salarios eran inferiores a los del 2002, debido a la gran estafa que produjo entre los asalariados, que no entre los empresarios, la entrada del euro. ¿Qué pretenden los de la CEOE, que sigamos teniendo un salario inferior al del 2002 cuando los precios hasta 2009 no han dejado de subir? ¿Cuál es el salario que deberían cobrar los trabajadores para la CEOE? ¿Menos de 15.000 €, cifra que cobran algo más de la mitad de los trabajadores que están en activo? Vamos que el mileurista desaparecería y se convertiría en aspirante a ello. Señor Feijo, si lo salarios subieron durante 2008 y 2009 a niveles de la inflación sólo fue debido a que las empresas durante esos dos años experimentaron niveles de beneficios aceptables y cuentas saneadas. Ni más ni menos. Y cualquier otra cosa que se diga es faltar a la verdad y hacer un alarde de falacia y demagogia para ocultar la parte de culpa que tienen los empresarios españoles, por no hacer de sus empresas ejemplos de productividad y buen hacer. Es fácil echar la culpa a otros y escurrir sus responsabilidades. ¿Sabe Usted Señor Feijo lo que cuesta llegar a final de mes con 15.000€ brutos anuales? No, ni se lo imagina. Entonces a callar que como dijo Manuel Azaña “si los españoles habláramos sólo y exclusivamente de lo que sabemos, se produciría un gran silencio que nos permitiría pensar”
Y respecto a la segunda parte de la frase tengo que contener mi indignación. ¿El alto coste de los despidos? Os remito a uno de mis primeros post sobre economía en el que hablaba sobre el abaratamiento del despido. Si, Señor Feijo pongan sobre la mesa lo que ofrecen otros países a sus trabajadores a cambio de una indemnización más barata. No entiendo qué tiene que ver el abaratar el despido con la contratación de nuevos trabajadores. Me sigue pareciendo indecente y malvado trasladar a los trabajadores una parte sustancial de los costes de la crisis económica.
No. Porque en nuestro mercado laboral más de la mitad de los trabajadores gana menos de 1.000 € netos mensuales. Y que a la mayoría de ellos se les puede despedir a coste cero o casi. Además la mayoría de este colectivo procede en su mayoría del paro y en su mayoría son jóvenes. Por lo que no hay que ser muy inteligente para entender que si los empresarios desean contribuir a que España se recupere lo antes posible de esta recesión y quieren contratar a nuevos trabajadores, lo harían de esa bolsa de casi mileuristas. Pero no lo harán. Y no por lo rígido que es nuestro mercado laboral sino por el hundimiento sin freno de la actividad económica. Y las causas de este hundimiento están en otra parte.
Saludos Señor Feijo y no mee fuera del tiesto.











La ópera prima de Cherien Dabis nos propone una historia simple, pero tierna, sobre las complicaciones de la inmigración que existe actualmente en consecuencia de la invasión de Irak que aún continúa a día de hoy. Nos propone la visión de dos mundos distintos y de cómo pueden convivir en armonía, el largo camino de superación para conseguir ser aceptado y de como nunca uno ha de perder el optimismo para alcanzar su objetivo. Todo ello realizando una buena mezcla de drama y de comedia en sus dosis justas. No se trata de una película para reír, porque su gracia está escondida en verdad tras el sufrimiento de sus personajes, pero utiliza bien ese recurso consiguiendo que incluso en los momentos más duros de la historia, no perdamos la sonrisa gracias al optimismo que tienen sus protagonistas, que es precisamente el elemento fundamental que pretende transmitir su argumento. Esa virtud que tiene la película, sin perder la calidad como drama que es, es conseguida gracias a la magnífica interpretación del personaje de Muna (Nisreen Faour), una mujer que simpatiza con el espectador desde el primer momento gracias a su carácter simpático, amable y tierno de su personaje y a una interpretación muy natural y creíble. Y ella, acompañada de un buen grupo de secundarios que aunque desconocidos en la gran pantalla consiguen crear un ambiente afable durante el metraje, da como resultado una película que aunque no original en su argumento por haber otras anteriormente estrenadas que nos recordarán a ésta, no creo que defraude a nadie en su mayoría.


La carretera (The Road), de John Hillcoat
Desde mi cielo (The Lovely Bones), de Peter Jackson