Los salarios no son los culpables

La subida real de los salarios en los últimos dos años y el alto coste de los despidos explican que España sea el país de la Unión Europea (UE) que más empleo destruye, indicó el presidente de la Comisión de Economía de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), José Luis Feijo.

A este lumbreras hay que jubilarle ya con una pensión vitalícia. Su contribución al ranking de mayores disparates así lo merece. En una sola frase ha rebasado los límites de los fundamentos de la moralidad para dejarnos esta perla cultivada que en nada se corresponde con la verdad y realidad del mercado laboral en España.

Voy a rebatir la primera parte de la frase. Los salarios durante 2008 y 2009, en las empresas que sus trabajadores han visto aumentada su nómina, lo han hecho en su mayor parte en concordancia con el aumento de la inflación. Hay que recordarle al Señor Feijo que a finales de 2006 los salarios eran inferiores a los del 2002, debido a la gran estafa que produjo entre los asalariados, que no entre los empresarios, la entrada del euro. ¿Qué pretenden los de la CEOE, que sigamos teniendo un salario inferior al del 2002 cuando los precios hasta 2009 no han dejado de subir? ¿Cuál es el salario que deberían cobrar los trabajadores para la CEOE? ¿Menos de 15.000 €, cifra que cobran algo más de la mitad de los trabajadores que están en activo? Vamos que el mileurista desaparecería y se convertiría en aspirante a ello. Señor Feijo, si lo salarios subieron durante 2008 y 2009 a niveles de la inflación sólo fue debido a que las empresas durante esos dos años experimentaron niveles de beneficios aceptables y cuentas saneadas. Ni más ni menos. Y cualquier otra cosa que se diga es faltar a la verdad y hacer un alarde de falacia y demagogia para ocultar la parte de culpa que tienen los empresarios españoles,  por no hacer de sus empresas ejemplos de productividad y buen hacer. Es fácil echar la culpa a otros y escurrir sus responsabilidades. ¿Sabe Usted Señor Feijo lo que cuesta llegar a final de mes con 15.000€ brutos anuales? No, ni se lo imagina. Entonces a callar que como dijo Manuel Azaña “si los españoles habláramos sólo y exclusivamente de lo que sabemos, se produciría un gran silencio que nos permitiría pensar”

Y respecto a la segunda parte de la frase tengo que contener mi indignación. ¿El alto coste de los despidos? Os remito a uno de mis primeros post sobre economía en el que hablaba sobre el abaratamiento del despido. Si, Señor Feijo pongan sobre la mesa lo que ofrecen otros países a sus trabajadores a cambio de una indemnización más barata. No entiendo qué tiene que ver el abaratar el despido con la contratación de nuevos trabajadores. Me sigue pareciendo indecente y malvado trasladar a los trabajadores una parte sustancial de los costes de la crisis económica.

No. Porque en nuestro mercado laboral más de la mitad de los trabajadores gana menos de 1.000 € netos mensuales. Y que a la mayoría de ellos se les puede despedir a coste cero o casi. Además la mayoría de este colectivo procede en su mayoría del paro y en su mayoría  son jóvenes. Por lo que no hay que ser muy inteligente para entender que si los empresarios desean contribuir a que España se recupere lo antes posible de esta recesión y quieren contratar a nuevos trabajadores,  lo harían de esa bolsa de casi mileuristas. Pero no lo harán. Y no por lo rígido que es nuestro mercado laboral sino por el hundimiento sin freno de la actividad económica. Y las causas de este hundimiento están en otra parte.

Saludos Señor Feijo y no mee fuera del tiesto.

El hundimiento del milagro español

Aunque engañados, como casi siempre, fue lindo mientras duró. Diez años de  crecimiento vertiginoso, de locura colectiva, de café para todos. Éramos la envidia de Europa. Los españoles nos acercábamos peligrosamente a la cabeza de la carrera y continuábamos avanzando posiciones. En un sprint habíamos adelantado a Italia. Ya divisábamos, no muy lejos, a Francia. Y entonces ¡cataplúm!. Vino el desfondamiento, el querer y no poder. Ya no corríamos, andábamos y vimos alejarse a Francia. Italia nos adelantó nuevamente. Ya no pudimos  marcar el paso. Nos paramos, quietos, como petrificados. ¿Cómo pudo sucedernos esto?

¿Falló la preparación? Todo falló, todo. Quisimos acercarnos a la meta por una calle que se iba estrechando cuánto más rápido corríamos hasta encontrarnos sin salida.

Argumenta Ricard Vergés y con sabiduría, que cuando los precios aumentan, las cantidades bajan. Precios y cantidades están en razón inversa. Esto está en los libros de economía y es dogma de ciencia. Si uno aumenta el otro tiene que bajar y viceversa. Si estamos en un mercado en el que cuanto más caro más se compra estamos en el desequilibrio perfecto y a esto se le llama antimercado.

Diez años hemos estado instalados en ese antimercado, en una burbuja que no ha resistido  y ha terminado por explotar.

El cómo y el porqué ha sucedido quizás no tenga la importancia que tendrán las consecuencias que  nuestra  burbuja inmobiliaria dejará sobre nuestra ya delicada economía. Aún así, todos tenemos el derecho de saber y entenderlo.

El temor de los inversores españoles en vísperas del año 2002, fecha de la creación del euro como moneda única europea, a que se fijase un cambio entre peseta y euro que les perjudicara gravemente, provocó la salida de España de muchos miles de  millones de pesetas buscando otras monedas en las que tener más protegido su dinero. Una vez fijado el cambio, un euro = 166,386 pesetas, este temor desapareció y los inversores volvieron a traer su dinero a España. Si esa ingente cantidad de dinero lo hubieran invertido en industria y tecnología está claro que nada de lo que está ocurriendo hubiera pasado. Se invirtió en solares para edificar y empezó el boom inmobiliario. La cultura del ladrillo. La burbuja inmobiliaria, la corrupción política  y el milagro español.

Hasta el año 2002, cuando el mercado interbancario se realizaba desde Madrid, la deuda de promotores con los bancos ascendía a 100.000 millones de euros. A partir de 2002 hasta ahora, ya en el mercado interbancario europeo, la deuda ha alcanzado los 437.000 millones de euros. De este montante los promotores deben 324.000 millones de euros. Ahora los bancos se los exigen. Pero no pueden pagar. Ya no se venden pisos ni casas. Un millón quinientas mil viviendas se quedaron a medio construir, otro millón acabadas pero no vendidas. ¿Cómo pagarán esta gigantesca deuda?

La mayoría de nosotros desconocíamos entonces el cómo y el porqué del milagro español. Estábamos instalados en él y nos iba bien. A quién no le gusta vivir por encima de sus posibilidades cuando te están diciendo constantemente que España va bien, que consumamos, que nos compremos nuestras casas, nuestros muebles, un nuevo coche, que nos vayamos de vacaciones y que vivamos la vida loca. Pero nuestros economistas, nuestros gobernantes, gente con mucha preparación sí advertían el peligro que eso conllevaba. Hubo informes en contra de esta saturación de viviendas, de esta manera de hacer antimercado. No hubo reacción, los informes, los datos oficiales no les convenía que saliesen a la luz. Se quería seguir vendiendo el milagro español pero no querían reconocer que en términos económicos, financieros, de endeudamiento, era una descabellada locura. Se controlaba la información para que el pueblo no viera los resultados de esa actividad frenética que tuvo lugar durante diez años.

¿Culpables? Bancos y Cajas que actuaron durante esos años sin ningún tipo de regulación por parte de los Gobiernos de Aznar y Zapatero. En diez años de gobiernos de PP y PSOE se ha hecho tanta obra pública como en treinta en países con una economía superior a la española. Maldita locura. Ahora, la hucha de las pensiones vacía y mucha gente pasándolas canutas.

No es fácil salir de esta situación. La burbuja ha generado una crisis. No ha venido de fuera. Hemos sido nosotros mismos quienes la hemos creado y tendremos muchas dificultades, muchos problemas. Muchos sacrificios tendremos que hacer para poder controlar esta crisis inmobiliaria y seguir hacia delante.

El milagro español, la envidia del resto de Europa. ¿Hasta cuándo estaremos pagando sus consecuencias?

Paren el paro ya

El lenguaje, vehículo de expresión por excelencia nos conduce, unas veces por imprudencia y otras por osados en  defender lo indefendible, a pervertirlo y malversarlo hasta cotas subliminales y de una idiotez rayando lo supino. Las palabras, por muy enrevesadas y buscadas que  sean, los tecnicismos que emplean nuestros gobernantes, muletillas para salir del paso y dar por terminada cualquier explicación que no la tiene,  no pueden ocultar la realidad por mucho que se empeñen.

Hablo otra vez del desempleo. Sí, nuestro mayor problema, mucho mayor que la exorbitante deuda pública que deja este Gobierno a nosotros y a nuestros hijos. El dato, mes a mes, del desempleo nos muestra cómo se van añadiendo, con un goteo constante, nuevos parados al drama. Cien mil parados más este mes de enero. Y nuestros gobernantes nos dicen mes a mes que la destrucción del empleo ha tocado fondo. Si le preguntaran a cualquier miembro del Gobierno en qué se basa para decir esto no sabrían explicarlo. Sencillamente es así, ni sabrían ni podrían porque no se toma ninguna medida, no hay ningún dato objetivo que pueda ser refrendado de lo que sale de sus técnicas y vacías palabras. Lenguaje técnico pero demagógico. Subjetivo y sin convencimiento.

Este es el drama: Cifras facilitadas por el propio gobierno estiman que en enero se sobrepasarán los cuatro millones de parados. Todos sabemos que hay al menos 1.5 millones más que no se contemplan en esas cifras del gobierno porque así les conviene, así las maquillan. Para ellos un parado que no esté registrado no lo es, aunque algunos las pasen canutas para sobrevivir.

No quiero pensar que sucederá cuando los parados de larga duración dejen de percibir las prestaciones y ayudas. Esto tiene que cambiar, este inmenso problema merece más atención, más dedicación, más cariño. Pongan a trabajar sin descanso  a los empresarios y sindicatos, pero hoy, no mañana ni pasado mañana.
Arreglen este drama o dejen paso a otros que lo intenten. Pero ya.

Crash, de Paul Haggis (Opinión)

Es la sensación de contacto. En cualquier ciudad por donde camines, pasas muy cerca de la gente y esta tropieza contigo. En Los Angeles nadie te toca. Estamos siempre tras este metal y cristal. Y añoramos tanto ese contacto, que chocamos contra otros para poder sentir algo.

Es suficiente con sentarse en un banco en el centro de la ciudad y observar a la gente pasar, para darse cuenta de la falta de conexión que existe entre todos nosotros. Me refiero a la falta de una conexión a nivel sociedad y humano que podría, quizás, hacer que todos podamos convivir en armonía y unión. En las grandes ciudades, uno puede observar la individualidad a la que ha llegado la gente: centenares de personas hablando por móvil o escuchando música con su mp3, gente sentada en el bus ensimismada con sus propios pensamientos, la desconfianza mientras uno anda por la calle temiendo que algún desconocido se le acerque. Hoy en día, la televisión y las nuevas tecnologías, los terribles sucesos que surgen a nuestro alrededor día a día o simplemente el instinto de supervivencia en los casos más extremos, han provocado el miedo más grande en la sociedad y en consecuencia, que el ser humano viva solo para sí mismo y no para con los demás.

En 2004 se estrenó una película, para mí muy especial de manera personal, que resumiria muy bien el actual comportamiento del ser humano en la era moderna y cosmopolita en la que nos encontramos y que la inmigración, la economía y la política han hecho no más que descontrolar con el paso de los años. Crash, escrita y dirigida por Paul Haggis, seria un buen reflejo de como las personas somos más débiles de lo que pensamos en realidad cuando en el fondo, lo que todos anhelamos es un contacto, un sentimiento por parte de otro, la necesidad de atención por parte de los demás. Porque muy en el fondo nos sentimos tan solos a pesar de las apariencias y pienso que el ser humano nunca puede existir de forma individual.

Crash es como un puzzle que nos ofrece jugar con varias palabras relacionadas con sentimientos o comportamientos humanos y que los relacionemos con las imágenes que vemos en pantalla. Porque realmente no tiene un argumento lineal, si no que se trata de varias historias protagonizadas por personas de distintas clases sociales que, de una forma u otra, se entrelazan unas a otras chocando unos a otros en sus vidas, unos para bien y otros para mal, como lo hacen cada día las personas que viven en una gran ciudad. La sensación de choque que usa el director en su película, es una metáfora a los continuos encuentros que tenemos con las personas que nos rodean y de como estos encuentros, muchas veces, conllevan a cambiar totalmente nuestras vidas. Quizás nuestros destinos no estén realmente escritos, pero a veces nos suceden cosas que van más allá de la simple casualidad.

Sus protagonistas es un grupo de personas de ciudad tan variopinto como un policía corrupto con un joven compañero novato, un detective buscando a su hermano desaparecido, un cerrajero hispano, un persa que tiene una tienda de barrio, un director de televisión, entre otros, nos enseñarán como de importante puede ser ese contacto que muy posiblemente, ignoremos todos su existencia. Don Cheadle (Hotel Rwanda, Operación Swordfish), Sandra Bullock, Brendan Fraser, Thandie Newton (MI:2, Las Crónicas de Riddick) o Terrence Howard (Iron Man, Despierto) son algunas de las caras conocidas consiguiendo un reparto de auténtico lujo para una producción que, a pesar de una limitada recaudación (apenas unos 100 millones de dólares), se ganó el respeto del público y la crítica con la obtención de tres premios oscar y dos globos de oro, entre otros premios.

Quizás la única pega que tiene la historia de Haggis que nos impida disfrutar plenamente de su historia es que a pesar de la magnífica ambientación solitaria que consigue transmitir con sus imagenes de la ciudad y de las buenas interpretaciones de su reparto, es que no sintamos una total empatía con la película por haber sido rodada en un ambiente muy distinto al nuestro (hablando de España), concretamente en la ciudad norteamericana de Los Angeles. Realmente no es que sea un impedimento, pero puede que sea inevitable el pensar que no se trata de algo cercano a nosotros, al no pertenecer a la vida de esas ciudades. Por ello, les recomiendo que traduzcan lo que ven en pantalla hacia sus propias vidas y situaciones y que se queden con las historias de sus personajes, sean de donde sean.

Si en su momento les gustó la película o pretenden verla, sepan que en 2008 se estrenó la serie de televisión inspirada en la película, producida por el própio Don Cheadle, pero protagonizada por Dennis Hoper y otros actores con nuevas historias que contar. En España se ha emitido por Canal+ y que actualmente tiene dos temporadas, ya que por el momento la serie no ha sido cancelada. También os recomiendo y mucho su banda sonora compuesta por Mark Isham que ha sabido escribir unas bonitas partituras que hacen recordar con éxito, la sensación de las ciudades y sus vidas.

Envejecimiento y Longevidad

Muchos siglos lleva el hombre en pos de la inmortalidad. Los antiguos egipcios momificaban a sus seres queridos en la creencia que vivirían después de muertos. Durante tres mil años, se estima que fueron momificados 70 millones de egipcios. Historias y leyendas de la antigüedad nos recuerdan enigmas y símbolos a los que no se les ha encontrado explicación alguna. Muchos de estos enigmas están relacionados con sustancias con propiedades mágicas. Antiguos alquimistas de China, Israel, India, Egipto y Persia las llamaron el elixir de la vida, el mana, la piedra filosofal, pan blanco y el oro del Rey Salomón. Estas sustancias también están asociadas a otros fenómenos misteriosos como la fuente de la juventud, el arca de la alianza y la gran pirámide, a los que con frecuencia también se les atribuyen propiedades sanadoras y místicas milagrosas. Los cruzados en la Edad Media se embarcaban en largos y peligrosos viajes para encontrar el árbol de la vida. Y en los últimos dos siglos muchos científicos han pasado más de media vida para encontrar el gen de la inmortalidad.

El hombre en la actualidad ha desechado la quimera de la inmortalidad y se ha centrado en conseguir una mayor supervivencia con mejores condiciones físicas y mentales. Los hábitos saludables de vida, la adecuada nutrición, los progresos en el diagnóstico precoz de numerosas enfermedades y el tratamiento de muchas de ellas, han logrado duplicar la expectativa de vida en los últimos cien años de existencia de la especie. La longevidad o ciclo vital se refiere a la duración máxima posible de la vida del hombre que, por acuerdo unánime científico, se ha cifrado en los 120 años.
Los avances científicos en el pasado siglo han sido definitivos para prevenir y tratar eficazmente ciertos procesos desfavorables, tales como las infecciones, la recuperación de los traumatismos, las deficiencias nutricionales, etc., lo que ha permitido aflorar una alta proporción de enfermedades y predisposiciones de base genética o hereditaria.
El envejecimiento no puede ser considerado propiamente como una enfermedad y hay que distinguirlo de las causas de muerte en edad avanzada, tales como las enfermedades cardiovasculares, el ictus cerebral, y el cáncer, cuya prevención demuestra que la expectativa de vida se haya incrementado en países desarrollados en más de 15 años en los últimos cinco lustros. Para el público en general y para ciertos científicos nadie moriría por el envejecimiento, sino que la muerte se debería a enfermedades asociadas al mismo. Por el contrario, el envejecimiento debe ser considerado como un proceso natural que tiene lugar después de la maduración reproductiva y que es el resultado de la disminución de la energía capaz de mantener la fidelidad celular. Incluso cabría pensar que el envejecimiento no sería programado y directamente gobernado por genes, tal como podría deducirse del fracaso relativo en su identificación, llevada a cabo en diversos animales de experimentación.
En el hombre, la expectativa de vida se ha incrementado notablemente y el potencial máximo de supervivencia se ha llegado a establecer entre los 90 y 100 años. Así, hace 50.000 años raramente se llegaban a sobrepasar los 40 años de vida, de forma que las medidas adoptadas por la sociedad moderna sobre salud pública y los mejores cuidados médicos han contribuido a la mayor supervivencia de la población. (Fuente internet científica)

Pero, ¿qué hay que hacer para llegar a vivir 120 años sin sufrir apenas enfermedades y con una mente lúcida?

Recomendaciones, ideas y consejos que he extraído de libros, revistas científicas y conferenciantes:

Una alimentación sana y equilibrada es importante. Evitar los excesos de calorías es fundamental. No comer en abundancia es un factor importante también. Recuerdo que un profesor me decía que hay que levantarse de la mesa con la sensación de que hubieras comido un poco más. Es una verdad a medias que los orientales viven muchos años por su alimentación rica en soja y raíces. También viven muchos años otras personas de la zona mediterránea y su alimentación es totalmente diferente. Algo en lo que sí nos aventajan los orientales, que influye en su longevidad, es el respeto y veneración que tienen por sus ancianos. No se puede decir lo mismo de otros lugares en los que se les considera una molestia colateral. Siendo, como es, importante la alimentación, representa el 25% de los requisitos para llegar a cumplir los 120 años.

Y con unos buenos genes, el otro 75% lo determina tu mente. Tu predisposición para vivir en este mundo; sé feliz, sonríe, ríete, canta, haz el amor, se buena persona, tendrás problemas y con calma se te resolverán.

¿A que no parece tan difícil de conseguir?

Y tú, visitante del blog, ¿te gustaría cumplir 120  años?

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Algo sobre mi padre

Lo que le habría gustado navegar por la red. Habría ido de web en web, de periódico en periódico, de blog en blog. Comentando, buscando noticias, publicando. Poseía una gran cultura. Sí, habría disfrutado mucho. Lo hizo con otras cosas; estudioso de todo y de nada, inquieto, gamberrete, mujeriego. Al final su padre le obligó a decidirse por alguna carrera. Eligió la militar. Ingresó en la Escuela de Oficiales de Toledo. Durante la guerra ya era capitán. Un tranvía le seccionó una pierna y truncó su carrera.

Nació en Almendralejo (Badajoz), en el seno de una familia muy numerosa pero acomodada. Su abuelo había hecho fortuna en Filipinas. Con la pérdida de la colonia regresaron a España. Pasó su infancia y adolescencia en ese rico pueblo, famoso por sus viñedos. De esas dos épocas, la niñez y la adolescencia guardaba recuerdos imborrables, curiosos, divertidos y amenos que con frecuencia nos relataba. Voy a publicar algunos de los que más nos gustaron y con los que más reímos y nos emocionamos.

Contaba que en el pueblo vivía un señorito al que llamaban Agapito, guapo y elegante, pero demasiado redicho. Estando en edad de  cortejar, nos decía mi padre cómo por las noches, cuando la luna brillaba con todo su esplendor, se aproximaba a los balcones de las mocitas para relatarles poesías y declaraciones de amor. Una noche, como de costumbre, se personó en casa de una de las muchachas más lindas del pueblo, le hizo salir al balcón y bajo un cielo encapotado, que él no hubiera deseado, le recitó.

Sofia, hace una noche tan opaca que apenas si se divisan los objetos.

Apostado a pocos metros del balcón se encontraba Ramón, un joven agricultor, que trabajaba para unos vecinos de la familia. Escuchó las palabras del señorito y sintió tal emoción al oirlas que presto, corrió hacia su casa con la intención de decírselas a su joven mujer. Ya estaba casi en la puerta, jadeante por lo que había corrido, cuando se abrió la puerta y apareció detrás de ella su mujer, Rosario. ¿A qué vienen esas prisas?, ¿qué has hecho Ramón, te persigue alguien? le preguntó. Ramón que apenas podía articular palabra debido a la fatiga de la carrera le dijo: Rosarillo no te lo vas a creer pero acabo de escuchar al señorito Agapito decirle unas palabras la mar de bonitas a Sofia, la hija del farmacéutico, que me han entrado unas ganas enormes de venir corriendo para contártelas a ti. Pues venga Ramón desembucha que me tienes en ascuas.

Mira Rosarillo le ha dicho: Sofia, hase una noche tan paca que apena te veo el ojete.

Otro día nos contaba que en una mañana de verano, cuando el sol ajusticiaba con sus ardientes rayos a los sufridos habitantes de Almendralejo, recorría las calles Pedro con su burro y las alforjas cargadas de sandías y melones al grito de “a raja y cala colorá” Esta expresión venía a ser como ahora cuando te dicen al venderte algo que si no quedas satisfecho te devuelven el dinero. Sólo que entonces era más instantáneo. Pedro hundía el afilado cuchillo en la sandía y cortaba una rodaja que entregaba al posible comprador para su cata, si una vez probada, era del gusto de éste le pesaba la sandia y se la vendía. Antes era costumbre en pueblos y ciudades pequeñas vender durante el verano, melones y sandías transportadas en tan original medio de transporte. Pues bien, esa mañana se topó Pedro con el señorito Agapito y éste, mientras caminaba hacia Pedro y su burro le dijo:

Buen hombre, ¿a cómo expende Usted las corcubitáceas que gravitan sobre los sufridos lomos de ese magnífico animal? El pobre Pedro, que se había quedado mudo y perplejo al oír semejantes palabras que, dicho sea de paso, nunca antes había oído, atizó con su vara al animal mientras decía: ¡Arre burro que éste tío está loco!

Lo siguiente que nos relataba, sí que puedo certificar que es verídico, no es que lo anterior no lo sea, pero no tenemos otra fuente salvo la de mi padre. En esta siguiente historia participó activamente mi madre como protagonista. Año 1937, en plena guerra civil. Mi padre cae herido por una ráfaga de ametralladora y es hospitalizado en Badajoz. En el mismo, trabajaba mi madre de enfermera. Cuando despierta en la habitación del hospital, después de la operación por las heridas de la metralla, lo primero que ve es a mi madre y dice: “He debido morir, porque no existe en la tierra nada tan hermoso”

Unos años después se casaban.

Amerrika (Amreeka), de Cherien Dabis (Opinión)

Debe ser muy difícil adaptarse a un sitio nuevo cuando se está lejos de casa, más aún cuando se trata de un mundo totalmente distinto al tuyo con una cultura y costumbres opuestas. Si además es un ambiente en el que no eres bienvenido y te cierran todas las puertas, en lo único que piensas es en el hogar y volver con los tuyos, pero a veces, no te queda más remedio que luchar. Luchar por tu propia identidad, luchar por quien eres, estés donde estés.

Así se resume la historia de Muna, una mujer palestina que marcha a vivir a EE.UU. acompañada de su hijo, Fadi, para encontrar una vida mejor y la oportunidad de crear un nuevo hogar en el que poder conseguir nuevas esperanzas de futuro en el sueño americano. Pero el país, con mirada hostil a toda persona proveniente del Oriente Medio por los hechos ocurridos en el 11-S y la guerra de Irak, no hará si no hacer las cosas difíciles. Muna es una mujer de estudios, en Cisjordania trabajaba como administrativa en un banco, pero en América, a lo único que puede aspirar es a trabajar en una cadena de hamburgueserias y su hijo, inteligente y de buen corazón, deberá aprender la dura lección de lo que significa ser uno mismo, sea de donde seas y a que raza pertenezcas. Porque el hogar, es donde uno quiera que sea, siempre que sea acompañada de los tuyos.

La ópera prima de Cherien Dabis nos propone una historia simple, pero tierna, sobre las complicaciones de la inmigración que existe actualmente en consecuencia de la invasión de Irak que aún continúa a día de hoy. Nos propone la visión de dos mundos distintos y de cómo pueden convivir en armonía, el largo camino de superación para conseguir ser aceptado y de como nunca uno ha de perder el optimismo para alcanzar su objetivo. Todo ello realizando una buena mezcla de drama y de comedia en sus dosis justas. No se trata de una película para reír, porque su gracia está escondida en verdad tras el sufrimiento de sus personajes, pero utiliza bien ese recurso consiguiendo que incluso en los momentos más duros de la historia, no perdamos la sonrisa gracias al optimismo que tienen sus protagonistas, que es precisamente el elemento fundamental que pretende transmitir su argumento. Esa virtud que tiene la película, sin perder la calidad como drama que es, es conseguida gracias a la magnífica interpretación del personaje de Muna (Nisreen Faour), una mujer que simpatiza con el espectador desde el primer momento gracias a su carácter simpático, amable y tierno de su personaje y a una interpretación muy natural y creíble. Y ella, acompañada de un buen grupo de secundarios que aunque desconocidos en la gran pantalla consiguen crear un ambiente afable durante el metraje, da como resultado una película que aunque no original en su argumento por haber otras anteriormente estrenadas que nos recordarán a ésta, no creo que defraude a nadie en su mayoría.

La aparición más destacable y conocida es en este caso la de Hiam Abbas, que interpreta a Raghda, la hermana de la protagonista quien la ayuda durante su convivencia en América. Su última aparición fue en la película The Visitor acompañada de Richard Jenkins, película que fue nominada a los Oscar a mejor actor y que cuenta una historia no muy distante a Amerrika en su forma y que aprovecho también para recomendar.

Tengo la sensación de que Amerrika tiene posibilidades para posible nominación a los Oscar.

La hucha de las pensiones

Es obvio, que el ser humano en su relación con el trabajo tiene una meta final. La cruzará ese día que al despertarse por la mañana, entre sorprendido e incrédulo, piense, “hoy no voy a trabajar, me he jubilado” Y habrá a quién, dándose media vuelta, se le escapará una burlona sonrisa y seguirá durmiendo plácidamente. Como habrá  quién preocupado piense, ¿qué voy a hacer el resto de mis días? Otros, por el contrario, se levantarán y pensarán que tienen todo el tiempo para decidir y hacer lo que le venga en gana.

Estos supuestos, y otros, se darán ese primer día de jubilación. Pero asociado a la jubilación, y dejando a un lado el placer de no volver a ver el careto de tu jefe, hay algo común en todas esas personas. El derecho a una pensión justa, digna  y necesaria. No se entendería una jubilación que no fuera acompañada de una pensión contributiva por la que has cotizado y dejado lo mejor de ti.

Sin embargo todo esto que es tan justo, digno y necesario, puede cambiar a medio plazo si no se acometen determinadas reformas que garanticen las pensiones  más allá del medio plazo. Y no se pueden garantizar si cada vez que tenemos un problema, como la crisis actual, se rompe la hucha para ir tapando agujeros por muy necesarios que sean. La hucha de las pensiones no debe romperse nunca ni debe tener agujeros. Es más, hay que irle dotando, a medida que se vayan creando nuevas posibilidades, de más fondos para desterrar de nuestras mentes ese pensamiento que nos acecha cuando oímos y leemos la inviabilidad del actual sistema de pensiones.

Cuando hablamos del estado del bienestar en España, estamos refiriéndonos en buena medida  al sistema  público de pensiones, sistema contributivo, obligatorio y de reparto, y que genera desde hace más de veinte años debate y conflicto entre dos fuerzas, la política y la social.

Desde 1985, con los conflictos sociales subsiguientes, huelgas generales de junio de 1985 y diciembre de 1988 y el posterior pacto de Toledo de abril de 1995, hasta hoy, el debate político se centra en la disyuntiva entre el mantenimiento del sistema de reparto, previa reforma, y su transformación en un sistema de capitalización, público o privado. Este debate y sus posteriores negociaciones no está evitando que tenga lugar, entre la clase política, los agentes sociales y las instituciones, un cambio ideológico a favor de un sistema mixto obligatorio de reparto y capitalización, para convertirse, en un futuro no muy lejano, en un sistema obligatorio de capitalización privada, aunque como consecuencia del antagonismo entre las fuerzas políticas, ningún Gobierno está preparado para adoptar medidas radicales de privatización. Ahora bien, vista la actual deuda pública del estado, no tardaremos en ver medidas encaminadas hacia la adopción de un sistema mixto.

Pero ¿que gobierno dará el primer paso? Ninguno si no va acompañado de un gran pacto de estado, sin fisuras, con todos los agentes involucrados. Gobierno, partidos políticos, sindicatos, empresarios e instituciones.

Es cierto que la privatización del actual sistema público de reparto, es rechazada por los pensionistas y por la sociedad en general, pero no es menos cierto que se está produciendo una lenta pero inexorable aceptación de que será inevitable la privatización, como consecuencia de la alarma social que está produciendo el extraordinario endeudamiento del Estado y el número creciente y dramático de desempleados.

En los últimos veinticinco años el crecimiento de las pensiones de la Seguridad Social ha sido espectacular, tanto que en el transcurso de esos años se ha duplicado el número de pensiones contributivas. Los factores que han incidido en este crecimiento son por una parte: Demográficos;  envejecimiento de la población española. Industriales;  los ajustes de miles de trabajadores en la industria, la jubilación anticipada de cientos de miles de agricultores, la incorporación de colectivos que estaban fuera de la Seguridad Social, el incremento de las jubilaciones anticipadas antes de los 65 años. Y políticos:  la consolidación de la democracia con su mayor logro social, la universalización de la Seguridad Social y el Sistema de Pensiones. A estos habría que añadir las crisis económicas que hemos padecido en el transcurso de estos años.

¿Qué alternativas hay para una reforma del sistema de pensiones que garantice su pago y arrope sin preocupaciones a todos los trabajadores?  Básicamente dos:

  1. Mantenimiento reformado del sistema de reparto. Es la opción defendida por los sindicatos y los partidos de izquierda, en la actualidad el Gobierno de la nación. Consiste en perfeccionar el sistema de reparto reforzando su naturaleza contributiva, su eficiencia económica y solaridad interna. Esta opción asume la existencia de sistemas privados de pensiones de tipo complementario. Es el sistema tal como lo conocemos ahora pero carente de las reformas necesarias.
  2. Sistema mixto de pensiones. Goza de un amplio apoyo entre los empresarios y los llamados think tanks. Se trataría de aplicar en el corto y medio plazo un sistema de “tres patas”: un sistema asistencial básico estatal; un segundo sistema individual o colectivo de ahorro o planes privados; un tercer sistema, el más importante, de tipo profesional, que en el largo plazo será de capitalización, y transitoriamente de reparto y capitalización.

Parece necesario y urgente acometer algunas reformas que garanticen la viabilidad financiera del sistema de pensiones a corto y medio plazo. No debe olvidarse que los problemas de sostenibilidad  de las finanzas públicas, se ven mermados cuando el empleo y la productividad económica no evolucionan favorablemente como sucede en la actualidad. No queda otra, no hay dinero para futuras pensiones. Urge efectuar, con un consenso total, la reforma del sistema de pensiones. La hucha tiene que volver a llenarse.

Sugerencias para ir al cine (Enero-Febrero)

Amerrika, de Cherien Dabis

Una película que recordará mucho a la hace tiempo estrenada “El Buen Nombre”, en el que una madre y su hijo palestinos emigran a EE.UU. para conseguir dar un vuelco a su vida. Ella, una mujer arraigada a su cultura y haciendo lo posible para poder adaptarse a un nuevo mundo trabajando en una hamburgueseria y su hijo, un chico rebelde que no desea perder su própia identidad en un ambiente donde no es bienvenido. Un melodrama que huele a posible Oscar y que podremos ver en España a partir del 15 de enero.

La carretera (The Road), de John Hillcoat

En un mundo destruido y en ruinas tras una cataclismo medioambiental, un padre y su hijo cruzan el mundo buscando un lugar en el que poder asentarse. La comida es escasa, ningún lugar es seguro y el ser humano es el mayor peligro existente, el cual ha llegado al canibalismo para sobrevivir y a la máxima locura. Protagonizada por Viggo Mortensen. Se estrena el próximo 5 de febrero.

Desde mi cielo (The Lovely Bones), de Peter Jackson

Peter Jackson deja a un lado su fantasía de la tierra media (ya que preparan la producción de ‘El Hobbit’) para proponernos una historia mezcla de fantasía y drama que narra la historia de una chica capaz de observar lo que ocurre en el mundo tras su asesinato, intentando averiguar quién fue el culpable mientras por otro lado es testigo del sufrimiento de su família. Mark Wahlberg, Rachel Weisz y Saoirse Ronan (En Busca de la Luz) forman el elenco protagonista. El 26 de febrero se estrena en España.

Climatología adversa

Bienvenida climatología adversa, no hay mal que por bien no venga. Durante unos días y a causa del temporal de nieve, lluvia y viento, el tiempo atmosférico es la noticia más comentada, de lo que más se habla en el trabajo, en los bares, en casa, en los periódicos y en los blogs. Por unos días, aunque se hable de la crisis, se hablará, pero menos, del drama del desempleo se hablará, pero menos, de la presidencia de España en la UE se hablará, pero menos y se hablará mucho más de lo canutas que las estamos pasando debido a la climatología adversa. Europa, y España más en concreto se pelan de frío. Todos, desde los nacionalistas catalanes del Estatut, aunque Montilla haya aprovechado un descuido del resto de nacionalistas para echar sus redes, ya se sabe, en río revuelto ganancia de pescadores, hasta los de la caverna mediática, ahora más que nunca refugiados en ella,  los gürteleros de la costa levantina, poniendo las barbas a remojar en agua caliente,  los de las tierras altas del Estado, preocupados por decidir ya de una vez y quizás debido a su rancio catolicismo, que se manifiesta con más fervor durante las fiestas de Navidad, si ganan los del aparato militar o los del político, y el resto, pues pelados también de frío, pero sin vela en este entierro, calladitos, que en boca cerrada no entran moscas, no vaya a ser que por un “ay quítame el velo que no veo”, se les recorten injustamente los derechos adquiridos, por solidaridad de los demás, sin dar un palo al agua y sin decir “que esta boca es mía”

Así que todos juntos y en campaña hablaremos del tiempo, y por una vez hablaremos con una sola voz. ¡Me pelo de frío coño! Es curioso lo que consigue la madre naturaleza, unir a todos por un poco de nieve, unos cuantos litros de agua y unas ráfagas de viento racheado. Porque vamos a reflexionar, dejémonos de ñoñeces, y por una vez pongamos nuestras células grises en funcionamiento. Dicen muchos, y con razón muchas veces, “protejamos a la madre naturaleza”, ¿pero quién cojones nos protege de ella? A ver quién es el guapo que se atreve a provocarla. Te tira un tsunami acá y otro allá y a tomar por agua, te lanza un tornado y a tomar por viento, te lanza un terremoto y a tomar por tierra y te tira un rayo y si te da, a tomar por culo. Ni un arsenal de armas de destrucción masiva es más eficaz para quitar a unos cuantos infelices de en medio. Tanto dinero malgastado en tecnología militar para nada, insulta a la madre naturaleza que si logras cabrearla cualquier fenómeno de gran fuerza que nos propine es más eficaz y cuesta menos. Vamos que sale gratis, sólo hace falta ganarte su confianza.

Tengo que dejar ya el articulito, me pelo de frío.