La importancia de saber valorarse

En este universo soy único e irrepetible

Hoy es uno de tantos días que la inspiración ha abandonado mi mente. Se ha ido de vacaciones tan lejos que no puedo pedirle que vuelva y venga a socorrerme. Así que dejaré que elija el derrotero que desee. Sin trabas, sin fronteras. Nos hemos quedado solos mi mente y yo, ella sin inspiración y yo perdido. Por lo que le he dicho “aunque sin inspiración, vamos tú y yo a viajar y a ver hasta dónde llegamos, vamos nosotros a valorarnos, sin miedo al ridículo y a ver por dónde sale el sol.

Hoy me toca publicar en el blog. Ayer lo hizo John mi joven amigo y colaborador. Publicó una crítica sobre la película El Acantilado Rojo. Que les voy a decir de la forma de escribir de John, personalmente sus artículos me parecen brillantes. Y lo explicaré; independientemente del lenguaje y la forma narrativa de sus artículos, lo que más me sorprende es la fuerza que impregna a sus palabras, la habilidad sorprendente que desarrolla para contarnos la historia de la película dándote detalles, que incluso habiendo visionado la película, no habías advertido hasta que él los ha mencionado. Porque convendréis conmigo que cuando lees una crítica de una película en un medio de comunicación o en Internet no suelen darte ningún dato extra que te ayude a decidirte, que te cree una necesidad imperiosa de correr hasta la taquilla y entrar en la sala, incluso olvidándote de las palomitas. La mayoría de los que hacen críticas de películas se limitan a dar una breve y concisa reseña, colocar el reparto y poca cosa más. Todo muy comercial. John no es de esos tipos, él vive y ama las películas, no necesita engañarte, si escribe la crítica sobre una peli es porque algo ha visto en ella que le resultó interesante. Y así nos la cuenta. Es una enciclopedia del cine con pies. Le pregunto, John ¿cómo se llama ese actor que no es muy conocido pero que ha hecho un par de buenas películas? “Cuéntame algo del argumento” me dice. Yo le explico en veinte segundos la trama de la película y me suelta. “Sí, el actor es tal, la otra película que mencionabas es cual, en la primera trabajaba con tal que se hizo famosa por la serie cual y en la segunda…” Y yo con la boca abierta le digo, ¿no sabrás como se llamaban los best boys (chicos de los recados) de ambas películas? y nos soltamos unas risas. Estoy aprendiendo mucho con él, siempre me ha gustado el cine, aunque debo reconocer que entiendo poco. Me limito a un “me ha gustado mucho, poco o nada, un poco de la banda sonora, la interpretación, haces un par de comentarios sobre la película y a esperar la próxima vez que vayas al cine” Con John he aprendido a respetar a los directores, productores, actores y a todos los que intervienen en la película. He aprendido a considerarlo algo más que un pasatiempo, he descubierto lo que es, arte, el séptimo y no por el orden que ocupa el menos importante. Recapacitando me digo, ellos han hecho un trabajo para entre otras cosas sentir el reconocimiento del público. Como el escritor que cuando acaba el libro y se publica espera de sus lectores algo más que una rápida lectura y pasar al siguiente. Al escritor le gusta que ya sin el libro en las manos cerremos los ojos e imaginemos lo que ha querido transmitirnos en tal o cual capítulo, e incluso lo que no escribió y dejó que nosotros lo descubriéramos.  Esa es la bendita sabiduría del arte, saber mirar más allá de tus ojos y descubrir la belleza de las cosas.

John y yo trabajamos en la misma empresa, vamos juntos a tomar café todos los días. Os podéis imaginar que el tema principal de nuestras conversaciones trata sobre el blog. Hoy le he encontrado extraño, como perdido, como cuando tienes un gran peso dentro de ti y te duele soltarlo pero sabes que si no lo haces no podrás tener paz. Así que al final se ha acercado a mí y ha soltado lo que llevaba dentro y no le hacía sentirse a gusto. Me ha dicho “Esteban, creo que lo que te voy a decir no te va a gustar, estoy pensando en dejar de escribir en el blog, me cuesta muchísimo, lo escribo, lo leo, lo releo y nunca me quedo satisfecho, creo que mis escritos resultan muy infantiles. De verdad que estoy agobiado y no me siento bien. Yo cuando leo lo que tu escribes veo que todo tiene un sentido”

Que le podía decir yo, un poco de lo que habéis leído ya, y pedirle que de agobios nada, que se escribe y se cuentan las cosas porque te gusta escribir y contarlas, que si no disfrutas te dedicas a otra cosa y listo. Le he pedido que dejara de escribir un tiempo, es lo mejor, descansas y relajas tu mente y uno sólo se da cuenta que es lo que desea realmente. Pero que no me diga que no se siente capaz porque muchos de vosotros lectores de este blog le habéis felicitado como yo en vuestros comentarios.

Pegasus, nuestra fuerza interior

Sin embargo, una idea viene y va en mi mente. ¿Hay algo más? Claro que sí, lo veo tan a menudo en la gente que se ha convertido en un problema generalizado, en los jóvenes de ahora más generalizado si cabe. No se gustan, no están a gusto con ellos mismos, no se valoran. Y es fundamental saber valorarte para ser feliz. No eres ni mejor ni peor que yo ni que nadie. Lo más maravilloso es que cada uno de nosotros somos únicos, irrepetibles. Piénsalo John, eres único e irrepetible en este maravilloso planeta nuestro llamado tierra, ¿no te parece asombroso? Valorarte, sentirte a gusto contigo mismo, gustarte, son prioridades que debemos considerar como muy necesarias e imprescindibles.

Se han quedado tantas ilusiones en el camino por ese motivo, tantas frustraciones por no dar ese pasito adelante que más tarde cuando hemos conseguido darlo, nos damos cuenta de lo absurdo que ha sido nuestro comportamiento.

El éxito está ahí esperándonos, demos el primer paso. Sepamos valorarnos.

Buenas noches y feliz día

Climatología adversa

Bienvenida climatología adversa, no hay mal que por bien no venga. Durante unos días y a causa del temporal de nieve, lluvia y viento, el tiempo atmosférico es la noticia más comentada, de lo que más se habla en el trabajo, en los bares, en casa, en los periódicos y en los blogs. Por unos días, aunque se hable de la crisis, se hablará, pero menos, del drama del desempleo se hablará, pero menos, de la presidencia de España en la UE se hablará, pero menos y se hablará mucho más de lo canutas que las estamos pasando debido a la climatología adversa. Europa, y España más en concreto se pelan de frío. Todos, desde los nacionalistas catalanes del Estatut, aunque Montilla haya aprovechado un descuido del resto de nacionalistas para echar sus redes, ya se sabe, en río revuelto ganancia de pescadores, hasta los de la caverna mediática, ahora más que nunca refugiados en ella,  los gürteleros de la costa levantina, poniendo las barbas a remojar en agua caliente,  los de las tierras altas del Estado, preocupados por decidir ya de una vez y quizás debido a su rancio catolicismo, que se manifiesta con más fervor durante las fiestas de Navidad, si ganan los del aparato militar o los del político, y el resto, pues pelados también de frío, pero sin vela en este entierro, calladitos, que en boca cerrada no entran moscas, no vaya a ser que por un “ay quítame el velo que no veo”, se les recorten injustamente los derechos adquiridos, por solidaridad de los demás, sin dar un palo al agua y sin decir “que esta boca es mía”

Así que todos juntos y en campaña hablaremos del tiempo, y por una vez hablaremos con una sola voz. ¡Me pelo de frío coño! Es curioso lo que consigue la madre naturaleza, unir a todos por un poco de nieve, unos cuantos litros de agua y unas ráfagas de viento racheado. Porque vamos a reflexionar, dejémonos de ñoñeces, y por una vez pongamos nuestras células grises en funcionamiento. Dicen muchos, y con razón muchas veces, “protejamos a la madre naturaleza”, ¿pero quién cojones nos protege de ella? A ver quién es el guapo que se atreve a provocarla. Te tira un tsunami acá y otro allá y a tomar por agua, te lanza un tornado y a tomar por viento, te lanza un terremoto y a tomar por tierra y te tira un rayo y si te da, a tomar por culo. Ni un arsenal de armas de destrucción masiva es más eficaz para quitar a unos cuantos infelices de en medio. Tanto dinero malgastado en tecnología militar para nada, insulta a la madre naturaleza que si logras cabrearla cualquier fenómeno de gran fuerza que nos propine es más eficaz y cuesta menos. Vamos que sale gratis, sólo hace falta ganarte su confianza.

Tengo que dejar ya el articulito, me pelo de frío.

Me gusta la Navidad

Oigo últimamente con demasiada frecuencia esta frase; “Oh no por favor otra vez  Navidad, que lata”

Y yo entre sorprendido e incrédulo pregunto. ¿No te gusta la Navidad? ¿Cómo es posible? Pero si son las fiestas más entrañables, las únicas fiestas que logran el milagro de convertirte, aunque sólo sea unos minutos, unas horas, unos días, nuevamente en niño.

Y me responden. Sí, recuerdo perfectamente que cuando era un niño me gustaban. Los días previos a esas Fiestas estábamos nerviosos por la cantidad de acontecimientos que iban a sucederse durante días; la compra de los turrones, mazapanes, polvorones y toda clase de dulces. Nuestros padres los escondían bajo llave en algún lugar de la casa,  y nosotros aunque sabíamos dónde estaban nos ilusionaba saber que dentro de unos días esa llave que escondían tus padres volvería a abrir ese escondite,  y podríamos disfrutar, primero mirándolos y luego engulléndolos hasta ponernos enfermos del atracón. Porque no eran solo los dulces, antes de eso sobre la mesa en la que nos sentábamos toda la familia iban apareciendo plato tras plato, primero los embutidos, luego  la sopa de navidad, después el pavo o el pollo relleno, el postre y por último los deseados dulces escondidos durante días.

Pero claro, pasan los años y algunos de los que se sentaban a esa mesa ya no están. El padre que nos llevaba a la montaña en busca de musgo para decorar el Belén, y de tiendas para comprar la pandereta, las castañuelas, la zambomba, ya no está entre nosotros. La madre que disimuladamente iba escondiendo por toda la casa los regalos de reyes que iban a convertirnos en los más felices niños del mundo, también nos ha dejado. Y ese dolor es tan intenso que prefieres que no lleguen estas fiestas o por lo menos que pasen cuanto antes.

Si recuerdo que era muy feliz esos días, con los dulces y con los regalos de reyes. No importaba si el regalo era de mucho valor o poco, no entendíamos de valores económicos, entendíamos que ese día era el más especial porque saldríamos a la calle todos orgullosos mostrando al mundo lo que los Reyes Magos nos habían traído. Un arco con sus flechas, o un revolver plateado y sus cartucheras llenas de balas coloreadas, o la espada, el casco y el escudo de soldado romano que mostrábamos con orgullo como hijos del Cesar de la última peli de romanos que habíamos visto en la sesión doble de los jueves. ¡Qué felices éramos con tan poco! ¿Y por qué no ahora? Pues por lo dicho, porque se han ido todos esos seres queridos que tanto queríamos y cuando llegan estas fechas los recordamos aún si cabe con más nostalgia que nunca. Porque ya no vamos a la montaña en busca de musgo, y las panderetas, castañuelas y zambombas las compramos nosotros sin que nadie nos acompañe y los dulces los compramos por tradición pero sabiendo que cuando lleguen las fiestas y adornemos las bandejas con los dulces no atraerán la atención de los niños, salvo que hayamos sido precavidos y hayamos añadido a la cesta de la compra la suficiente cantidad de dulces de chocolate que comerán casi exclusivamente los niños y jóvenes.

Es cierto, que durante estas fiestas, recordamos más a los seres queridos que nos han dejado. Y que en algún momento de estas celebraciones te apetecería apartarte y llorar pensando cuán felices éramos y cuanto añoramos a los que se han ido. Pero no es menos cierto que estas fiestas, son al fin y al cabo, lo que tú quieras que sean. Y yo por unos instantes, tanto sean minutos, horas o días regreso al pasado y me veo como niño cuando miro el rostro iluminado de los niños de ahora y esa luz que se desprende de sus ojos durante estos días no la percibes el resto de los otros días del año.  Por eso me sigue gustando la Navidad.

Recuerdo con mucho cariño el villancico con letra de mi hermana pequeña Ida, fallecida ya hace nueve años, con música mía. Así decía su letra

Que venga Navidad

que venga Navidad

regalando ilusiones

compartiendo canciones

de fe, de amor y paz.

Que venga Navidad

que venga Navidad

estrechemos las manos

juntemos corazones

es hora ya de amar

Felicidades família

felicidades família

ahora que estamos unidos

junto a los seres queridos

al Niño Dios que ha nacido

hay que adorar.