Acantilado Rojo / Red Cliff, de John Woo – Crítica

Recuerdo cuando vi de pequeño mi primera película de John Woo. Se trataba de Hard Boiled, la cinta de acción que llevó a Chow Yun Fat a ser el conocido actor internacional que es ahora. Chow y Woo trabajaron juntos durante muchos años en el género de acción y una larga filmografía asi lo demuestra, hasta que el director quiso hacer sus pinitos en Estados Unidos, unos con mayor éxito que otros, como Cara a Cara entre las mejores. Hard Boiled cuenta la historia de Tequila, un policía que tras el asesinato de su compañero decide vengarse de toda la banda criminal responsable de su muerte. Esta película del año 92, a pesar de no tener un argumento rico en profundidad, heredó una nueva forma de hacer cine de acción con tiroteos y explosiones como protagonistas de modo realista y sin uso de efectos digitales. Una manera tradicional que se ha perdido con los años y es precisamente el cine oriental quien aún lo conserva a duras penas, ya que se dieron cuenta de la facilidad con la que pueden trabajar usando nuevas tecnologías y que, en mi opinión personal, rebaja por enteros la calidad de sus producciones, siempre hablando del género de acción. Las películas de Jackie Chan son un buen ejemplo de ello pero hoy en día este artista que nunca ha necesitado dobles también se ha modernizado y es que los años pasan y si no lo creen, comparen los inicios de la filmografía de John Woo con la producción que hoy nos ocupa, Acantilado Rojo o internacionalmente conocida como Red Cliff, la última producción de Woo que ha tardado dos años en estrenarse y además, lo ha tenido que hacer de forma reducida ya que su duración original supera las cuatro horas de metraje (y decían que Avatar es larga).

La referencia de Hard Boiled viene a que en esta ocasión, Tony Leung, quien fue compañero de Chow Yun Fat, se convierte en esta épica y bélica aventura cantonesa en el protagonista de Acantilado Rojo, la historia de de un vil Primer Ministro de China que declara la guerra al país, engañando al propio emperador, con el deseo y la ambición de conseguir el poder absoluto y reinar sobre el resto de regiones. Para ello, mandará un ejercito masivo de hombres por tierra y mar con el objetivo de destruir el bastión protegido situado en el acantilado rojo, guardado por los ejércitos del sur y del oeste que a pesar de sus diferencias, unificarán sus fuerzas en defensa del emperador para derrocar al enemigo en una batalla sin precedentes que cambiará la historia de China.

John Woo se adentra por primera vez en el mundo de la batalla a campo abierto con caballos y espadas, tras muchos años de trabajar en sus películas con armas de fuego en variopintos escenarios ya sea contando historias de policias, criminales o agentes en misiones imposibles, contando una historia de amistad y valor en su producción más cara jamás rodada en el que aún usando tecnología digital en las secuencias de más amplia visión como por ejemplo en las panorámicas durante las batallas, se ha de reconocer el buen gusto que ha mantenido desde sus inicios para transmitir el mayor realismo posible, esta vez con un alto coste en decoración y extras. Es increíble ver la cantidad de detalles en la multitud de embarcaciones con su respectiva tripulación y extras durante las marchas o fijarse en los hombres luchando en tierra usando distinto armamento, desde lanzas y espadas a explosivos caseros y también ideando estrategias de combate, algunas simples y conocidas por haberse usado en la historia militar (como la formación tortuga romana) y otras ya un poco más imaginativas que desarrolla por ejemplo, durante la escena de la, dicho de alguna forma, “trampa circular” a la que es sometida el enemigo. Es lo mínimo aceptable que se le puede pedir a una película que en sí misma se trata de una larga batalla de dos horas de duración en el que, de paso, intentan meter en medio algo de romanticismo que desgraciadamente, se queda muy a la sombra de la acción en pantalla. Es por eso que Acantilado Rojo no llega a ser lo épica que podría haber sido, desaprovechando una oportunidad única de contar una buena historia de héroes y guerra.

El único punto en contra que le veo y aún siendo yo muy aficionado al cine oriental, es que quizás el toque fantástico que ha usado John Woo en esta producción esté un poco fuera de lugar. Las luchas son toda una coreografía muy visual, lleno de movimientos muy coordinados que como punto a favor y al ser escenas rodadas a un ritmo natural, el espectador es capaz de ver en todo momento lo que sucede durante la lucha y por lo tanto no llega a tener esa sensación de confusión que acostumbran a enseñar en el cine hollywoodiense de éste tipo. El punto en contra viene a que en ocasiones, pienso que exagera un poco cuando intenta homenajear al cine antiguo cantonés con los saltos y movimientos que llamaban tanto la atención. Para los que no entiendan esto último, me refiero a las películas que se rodaban antiguamente de kung fu o guerreros y que en la época contemporánea la película de Tigre y Dragón de Ang Lee (entre otras) hizo que volviera a despertar ese formato. Quizás la nueva cinta de John Woo debería haber sido puramente bélica, reforzando la acción en sus imágenes, pero hay que reconocer que el estilo de rodaje del director sigue intacto, reconociendo su firma en cada imagen que pasa por pantalla.

A los aficionados del cine oriental les va a encantar y a los que no, pero les guste una buena historia bélica, la nueva propuesta del director no les defraudará, siempre que estén dispuestos a aceptar de por sí algunos detalles sin importancia que para nada rebajan la calidad del filme. Su argumento quizás sea un poco flojo pero en las películas de John Woo creo que nunca ha importado eso.

A continuación les dejo dos trailers, el de la película comentada y el de Hard Boiled, para que puedan comparar el antes y el después del director. Verán que por mucho tiempo que pase, John Woo sigue en forma.

Al Límite (Edge of Darkness), de Martin Campbell (Crítica)

Al Límite, de Martin Campbell

Mucho tiempo ha pasado desde que vimos a Mel Gibson por última vez en la gran pantalla tras haber dedicado estos últimos años a la dirección de dos películas en las que, más que prestigio, recibió criticas buenas y malas, de todo tipo, y también un rechazo por parte de Hollywood convirtiéndolo en un director vetado por la polémica que conllevaban sus historias. A pesar de ello, ya ha comentado en las últimas entrevistas que tiene un nuevo proyecto entre manos y quizás con el empuje que pueda darle su vuelta a la interpretación y ser dueño de la productora Icon Productions, le ayude a recuperar la buena reputación que tenía antaño. Una curiosidad sobre su productora: actualmente financia la cuarta parte de Mad Max que se encuentra en preparación y dirigida por George Miller, el mismo de las películas originales. ¿Aparecerá Max con su Interceptor en ella?

Al Límite originalmente se trataba de una mini serie británica de los años 80 y cuenta la historia de Thomas Craven, un veterano y respetable inspector de policía de Boston de la vieja escuela que cree en la ley y en el buen hacer de las cosas, con una buena reputación a sus espaldas por resolver todos sus casos tratándolos por igual y sin excepciones. Hombre honrado pero con una vida solitaria. Su hija, Emma, es el único tesoro que tiene y a pesar de no ser un padre perfecto, la ama por encima de todo. La echa mucho de menos y no tiene noticias de ella desde hace tiempo, hasta que un día, recibe su visita para quedarse con él deseando recuperar el tiempo perdido. Pero Thomas ve algo distinto en su hija, se ha vuelto reservada y apenas quiere hablar de su vida o su trabajo y además su estado de salud no es bueno y no entiende la necesidad de visitar a un médico. Repentinamente, su condición empeora y de camino al hospital es asesinada accidentalmente en un tiroteo en el que él era el verdadero objetivo. Traumatizado y con una vida destruida por completo, emprenderá un camino personal de venganza en el que descubrirá un secreto que su hija escondía de una magnitud que no imaginaba, en un viaje sin retorno cruzando la línea del bien y el mal que le conducirá a una conspiración a nivel nacional llevada por poderosos y corruptos enemigos. Ya no tiene nada que perder, su vida no le importa y la ley no puede hacer nada por él. Thomas hará cualquier cosa para encontrar al asesino de su hija y si es necesario llegará al límite para alcanzar su venganza.

Teniendo en cuenta que Martin Campbell tiene en su filmografía las presentaciones como agentes 007 de Pierce Brosnan y Daniel Craig (GoldenEye y Casino Royale respectivamente, sus primeras películas) y se ha dedicado mayoritariamente al género de acción, era de suponer que Al Límite no seria una de esas películas en que todo es suspense y tensión, que la tiene, pero dirigido hacia unos derroteros un poco más movidos. Al director parece que no le va mucho eso del drama, a él lo que le interesa es meter al espectador directamente en el meollo y que de comienzo la trama con escasas presentaciones ya que tan sólo unos escasos minutos iniciales son los que usa para dar nombre a sus protagonistas y situar a cada uno en su ambientación correspondiente. Nos presenta al padre, a su hija y con unos pocos diálogos entre ellos dos ya se nos da por hecho su distanciada relación. Apenas nos muestra la personalidad de la figura central de la historia de Thomas, el porqué de la distancia o de lo importante que es ella para él para que durante la película el espectador sienta auténtica empatía por lo sucedido, un elemento que en mi opinión es muy importante en este tipo de historias.

Mel Gibson y Novakovic

Mel Gibson y Bojana Novakovic

¿Han visto El Fuego de la Venganza, de Tony Scott?, otro día les hablaré de ella y os la recomiendo mucho. En ella, el director usaba un ritmo argumental muy bien planificado ya que durante el metraje, la historia se da su tiempo para conseguir que sintamos la química entre sus dos protagonistas (Denzel Washington y una pequeña Dakota Fanning) y que, a partir del giro argumental, mantenga la fuerza y la tensión necesaria hasta el final de la historia cumpliendo el objetivo de que su argumento llegue al corazón y a las mentes de sus espectadores. Porque lo más importante en este tipo de historias es que sus imágenes consigan meternos en la piel del protagonista y hacernos partícipes de lo que sucede, si no, la historia de venganza fracasa y no es creíble o dicho de otra forma, no nos ha importado en toda la película lo que ha sucedido o el sufrimiento al que están sometidos los implicados.

Pero el director, como decía antes, tiene unos ases bajo las mangas que usa hábilmente para que su historia, a pesar de la escasez de drama, no caiga en el aburrimiento absoluto. Se trata de la acción y del impacto visual. La historia es simple, al padre feliz le asesinan su hija, él no sabe por qué y quiere averiguarlo a toda costa, persiguiendo a cada uno de los implicados hasta dar con el culpable principal y de paso, colar un mensaje crítico de la política y la corrupción actual. Para ello, mezcla momentos de suspense y otros de acción y auténtico impacto que sorprenden por su espectacularidad y sorpresa. El drama, queda a un segundo plano usando el trauma psicológico como excusa, pero que le añade un dulce toque entre tanta conspiración.

Nada decepcionante y muy entretenida. Si son de aquellos a quienes les gusten los thrillers que van directos al grano sin ataduras ni complejos dramas de por medio, seguro que les gustará mucho. Llena de acción, escenas de impacto y villanos muy de película del género. Una buena opción para ir al cine un domingo por la tarde. Mel Gibson vuelve a la interpretación sin que se note el paso del tiempo (aparte de la edad, obviamente) y nos demuestra que aún puede aguantar esto y más. Aunque para mí, siempre será el agente Riggs. Se me hace difícil verle hacer de policía con otro nombre. ¿Arma Letal 5? Quién sabe…

Bienvenidos al infierno… ¿Qué se siente?

Shutter Island, de Martin Scorsese (Crítica)

Shutter Island - Leonardo Di Caprio y Martin Scorsese

Leonardi Di Caprio y Martin Scorsese, discutiendo sobre una escena a rodar.

1954, época de guerra fría y en algún lugar en aguas estadounidenses, el detective Teddy Daniels y su nuevo compañero, Chuck, son asignados para investigar la desaparación de una paciente, perteneciente a un hospital mental para criminales violentos de alta seguridad situada en Shutter Island. Pero nada es lo que parece en ese lugar. La locura y el miedo invaden las paredes y ninguno de los reclusos o funcionarios quieren abrir la boca sobre lo sucedido. Lo que para Daniels deberia ser un caso más, se convierte en un difícil rompecabezas incapaz de resolver siguiendo pistas falsas y dudosas interrogaciones, que no harán más que conducirle a un viaje hacia las profundidades del horror que se esconde y aún peor, hacia sus propios y turbulentos recuerdos.

Interesante pero a la vez un poco complicada de digerir es la nueva película de Martin Scorsese, un director que en mi opinión había bajado bastante el listón que mantenía tiempo atrás, concretamente desde Gangs of New York. Interesante porque a diferencia de las anteriores a esta, consigue con gran acierto crear y mantener en todo momento la tensión dramática e intrigante que necesita esta historia de carácter thriller psicológico, combinando muy bien la interpretación de todos sus actores, la música (haciendo guiño al cine negro de la época) y transmitir con efectos y buena ambientación la oscuridad de sus escenarios. El único pero que le achaco a la historia es sencillamente su guión. La historia funciona muy bien, no es original, pero como antes he comentado la puesta en escena es tan buena que consigue enganchar al espectador aunque tras su visionado les haga recordar a otras películas parecidas. Di Caprio da la sensación de ser, al igual que las chicas Almodóvar, un actor fetiche en los últimos años de Scorsese. No lo considero para nada mal actor ya que en su juventud tiene el honor de tener una de las mejores actuaciones del cine contemporáneo que he visto, efectivamente me refiero a su papel en ¿Quién ama a Gilbert Grape?, una interpretación muy complicada pero que fue todo un reto que no hubiera podido superar cualquiera, sobretodo a su edad. Algo que, no por él, no he vuelto a ver en las películas que ha rodado con el director hasta Shutter Island.

Por eso y volviendo al asunto de su guión y a pesar de que esta vez Di Caprio cumple correctamente con su rol de detective atormentado en un mar de secretos y pesadillas, en esta ocasión es a la inversa, es su historia la que flaquea a ratos. Quizás se le podría achacar a su larga duración de dos horas y media para una historia así, que llegado a cierto punto de la película, la trama de la película llega a un punto un tanto confuso que o bien es por propia intención del director o es que su trama no termina de conectar del todo bien, quizás siendo necesario por parte del espectador que dé por supuesto algún que otro cabo suelto.

El Hombre Lobo (The Wolfman), de Joe Johnston (Crítica)

¿Se acuerdan de aquella película protagonizada por Rick Moranis en la que por accidente sus hijos son encogidos o aquella en la que un juego de mesa muy peculiar llamado Jumanji cambió la vida de Robin Williams y su família? Pues hace poco se estrenó en los cines de nuestro país el último trabajo de su director en el que esta vez intenta, dejando a un lado el género familiar o juvenil al que mayormente nos tenía acostumbrados, para adentrarse en el género del terror con un remake moderno del clásico en blanco y negro de 1941 del mismo título para revivir y mostrar a las nuevas generaciones la figura del Hombre Lobo que tan famoso hizo los estudios Universal en su época en que criaturas como Frankenstein, La Momia o Drácula eran bien conocidas por el público. Son grandes personajes famosos de la historia del cine y que, desgraciadamente, no han sido respetadas como se merecen en estos últimos años insertándolos en películas como Val Helsing con Frankenstein o Blade en el caso del conocido chupasangre. Por eso, el director Joe Johnston y el protagonista de la historia, Benicio del Toro, éste también muy apasionado del personaje licántropo, quisieron rescatar el mítico clásico de una forma moderna para el público pero respetando la historia original, a fín de hacer una película sobre el personaje a gusto de los aficionados a los clásico del terror y serie B y sobretodo para aquellos que desconocieran la criatura que se esconde tras un aullido bajo la luna llena.

Tras recibir la noticia de la desaparición de su hermano, Lawrence Talbot regresa a su hogar de la infancia junto a su distanciado padre para investigar lo ocurrido en el pueblo de Blackmoor y averiguar qué le sucedió. Durante su investigación, ayudado por la prometida de éste, descubre que una criatura salvaje es el autor de su desaparición, una bestia que nunca habían visto antes y que todas las noches de luna llena, sólo deja destrucción y sangre a su paso. Es cuando Talbot descubre que una antigua maldición convierte a los humanos heridos por la bestia en lobos, las noches en que la luna se muestra en todo su esplendor.

Joe Johnston anteriormente dedicó su afición por el cine como director de efectos visuales y especiales antes de ponerse detrás de las cámaras y rodar Cariño, he encogido a los niños, su primera película como director. Ayudado por Rick Baker, un artista en efectos especiales de criaturas muy reconocido en el género del terror y fantástico, el aspecto visual y creativo es lo más notable de la película por conseguir crear una muy buena ambientación en la Inglaterra victoriana más oscura, lo que combinado con el arduo trabajo de maquillaje para el personaje de hombre lobo en Benicio del Toro, mezclando trabajo muy artesanal con efectos por ordenador para las escenas más complicadas, se nota la muy buena intención de todo el equipo por querer hacer una película de género como las que se hacían años atrás, con ese toque gamberro y desenfadado e incluso en ocasiones, un tanto violento. La parte negativa en cambio, es la própia dirección de Johnston. en su forma de narrarnos la historia. La película por desgracia, desconociendo si de forma intencionada o no, abusa demasiado del efecto “susto fácil” ya que en vez de usar un ritmo más o menos lineal de forma que nos permita adentrarnos en la psicología del personaje de Benicio del Toro a través de su transformación hacia la bestia que lleva dentro, que en sí es el núcleo principal de la película, Johnston se dedica mayoritariamente a abusar de escenas para conseguir asustar al espectador con sueños y fantasías que sufre el protagonista para representar esa oscuridad que crece en su interior. Este tipo de escenas acaban siendo tan excesivas que la película se vuelve totalmente previsible en ese aspecto y haciendo caer en picado el concepto de terror por los suelos.

La parte interpretativa, algunos mejor que otros, son bastante convincentes ya que sus actuaciones parecen ser bastante intencionadas para darles el toque a lo serie B que el director desea impregnar. Aunque hay que decir que a pesar de contar con grandes actores como Benicio del Toro o Anthony Hopkins en el papel de padre del protagonista, ninguno de los dos será recordado por esta película ya que sus interpretaciones dejan un poco que desear. La elección de Del Toro, para el papel,  sí la considero muy acertada, físicamente hablando, por tener una mirada muy peculiar para los momentos más licántropos de su personaje, creando el lobo usando pelaje de Yak y maquillaje para cubrir su cuerpo dando forma a cabeza y extremidades y también de piernas protésicas para conseguir una mayor altura ya que los efectos digitales se han usado para escenas concretas como cuando corre o salta para mostrarnos con fluidez y de forma creíble, los movimientos más arriesgados. En mi opinión, el premio a la mejor interpretación se la lleva Hugo Weaving (Matrix, El Señor de los Anillos), en su papel de Abberline, un policía enviado desde Scotland Yard para dar caza a la bestia y acabar con los asesinatos en serie que asolan el pueblo (haciendo con ello un guiño a la figura real del mismo nombre que dedicó su esfuerzo policial en dar caza a ‘Jack el destripador’) que perseguirá sin descanso a su enemigo hasta el final, desconociendo la peligrosidad a la que puede llegar su adversario.

Entretenida pero decepcionante en algunos aspectos, El Hombre Lobo no es si no un mero entretenimiento palomitero que a diferencia de las películas comerciales destinadas al gran público, en esta ocasión sus autores han querido hacerlo de forma lo más artesanal posible y respetando a un icono del cine de terror que se había dejado de lado demasiado tiempo atrás con una historia de amor y miedos personales que si bien funciona en lo que a argumento se refiere, su forma y ritmo de narración en ocasiones puede hacer que el espectador pierda interés por ella, incluyendo además la manera excesiva de explotar el terror de la película y su personaje con un exceso de sustos innecesarios haciendo caer en algo tan previsible que hace perder su tensión y factor sorpresa. Por suerte, ha de reconocerse que todo el equipo de producción ha hecho un gran trabajo visual e imaginativo.

Asi que ya lo saben, nunca miren atrás cuando la única luz en la oscuridad es la de la luna llena. Nunca se sabe que puede acecharnos…

Aquiles y la Tortuga (Akiresu To Kame), de Takeshi Kitano (Crítica)

Aquiles y la Tortuga, de Takeshi Kitano

- Ser famoso nada tiene que ver con el talento. Toda esta conversación acerca del arte… Ve a África y muéstrale a los hambrientos un Picasso y un plato con arroz. Todo el mundo elegirá el plato de arroz. El arte no es nada para un hambriento. Tú no eres diferente.

- ¡Yo elegiría el Picasso!

- No seas tan ingenuo. El arte es sólo una gran estafa.

¿Qué es arte y qué no lo es? Es una pregunta que siempre pasa por nuestras cabezas cuando visitamos exposiciones o galerías de arte y yo por lo menos, nunca he sabido responder y aunque lo quieran disimular, pienso que ni los expertos lo saben a ciencia cierta. A mí particularmente me encantan las exposiciones fotográficas o las de pintura y, que conste, que soy un completo ignorante en historia del arte, pero me gusta ver las técnicas que han usado para sus cuadros o lo bonitas que son las imágenes que han conseguido capturar con una cámara. Pero si me preguntaran qué significa o que pretende transmitir, nunca lo adivinaría (refiriéndome a exposiciones de carácter abstracto, claro) o si me preguntaran de qué tipo de expresión es este cuadro (cubismo, impresionismo, etc.) y qué significa, se me quedaría la misma cara de gilipollas que si viera un oso de peluche sobre una mesa con un cartelito que pusiera, por ejemplo, Andy Warhol – Amor Peludo. Nunca sabré en verdad qué es aquello merecedor de considerarse arte y qué no, porque pienso que hoy en día a cualquier cosa se le llama arte y es el tema del que habla la última película de Takeshi Kitano: Aquiles y la Tortuga, una película que habla sobre qué es el arte para cada uno de nosotros en clave de humor y drama al puro estilo que nos tiene acostumbrados Kitano si es que estáis familiarizados con su filmografía, realizando una crítica en forma de parodia dirigida al mundo del arte.

La película da comienzo, como indica su título, con la paradoja del filósofo griego Zenón de la carrera que realizó Aquiles compitiendo con una tortuga. Según la paradoja, como Aquiles corre mucho más rápido que ella y confiado de tener las de ganar, le da a la pequeña tortuga una gran distancia de ventaja al comienzo. Cuando se inicia la carrera, Aquiles recorre en poco tiempo la distancia que les separaba el uno del otro, pero al llegar, se da cuenta de que aunque lentamente, la tortuga ya ha avanzado un trecho del circuito, asi que Aquiles sigue corriendo para alcanzarla. Pero al llegar donde debería estar, la tortuga nuevamente ha avanzado un poco más que él. Asi que, según Zenón, Aquiles nunca ganó la carrera porque la tortuga siempre estaba un paso por delante.

El pequeño Machisu nació con una pasión, el de la pintura. Hijo de una familia noble, tímido y con mucha imaginación, su único mundo por el que vive es el del dibujo y de los colores que le da él a su vida a través de sus cuadros. Le da completamente igual lo que ocurra a su alrededor, tampoco le interesan las enseñanzas de sus profesores y no le teme a nada con tal de conseguir la inspiración necesaria para sus dibujos, porque él solamente vive para ello. Pero la vida de Machisu cambia repentinamente cuando su padre, dueño de importantes empresas de la seda, cae en bancarrota debido a que el clima acaba con todos sus gusanos, haciendo imposible continuar con la producción. Asi que desesperado, la única vía que tiene es el suicidio, dejando a Machisu al cargo de su hermano para que pueda tener un lugar en el que vivir. A pesar de la dureza de su tío, Machisu sigue encerrado en su própio mundo, con sus pinceles y sus pinturas y con el paso de los años, al hacerse mayor, su única meta a alcanzar es la de la fama y conseguir realizar auténtico arte. Una carrera difícil de ganar, como lo fué la de Aquiles y la tortuga, con más obstáculos de los que se podía imaginar.

Aquiles y la Tortuga en el fondo es como un cuento melodramático de la vida de un niño con una imaginación sin límites que sueña en convertirse en un gran artista y que su única obsesión es la de transmitir su vida a través de sus cuadros, narrada de forma simple y no excesa de complicados diálogos, desde su niñez hasta su vida adulta y de la gran importancia que tiene el nunca abandonar los sueños, luchando constantemente por ellos, cueste lo que cueste. Para ello no faltará momentos de humor, algunos dulces y otros de toque más negro, además de contarnos su vida amorosa y como esta, en consecuencia, afecta a su principal pasión. Lo interesante de la película, es que Kitano pretende hacernos debatir sobre la pregunta de ¿qué es arte y qué no lo es?, parodiando el comportamiento de los artistas y de los entendidos en critica de arte, mostrando un mundo que quizás no sea tan bonito como nos lo pintan haciendo de ello todo un negocio que sí existe detrás.

El cine de Kitano es conocido internacionalmente por ser un director japonés de carácter muy personal e independiente en todas sus películas porque tiene un auténtico estilo propio para contar sus historias, por ello, tampoco faltarán sus momentos excéntricos, sello de la casa, que quizás aquellos que no lo conozcan les deje un poco desconcertados. En ciertos momentos les recordará a El Verano de Kikujiro, para mí una de sus mejores películas al combinar humor con toques de tipo fantástico, pero que en ocasiones, su ritmo puede hacerse un poco aburrido. La película pero, mejora a partir de su vida adulta, interpretada por el propio Kitano, ya que este usa toda su imaginación artística para deleitarnos con escenas de cómo trabaja en sus obras de arte, desde usar variopintos artilugios o vehículos, hasta técnicas un poco extremas arriesgando su vida. Kitano además de director, es escritor, poeta y pintor, entre otras cosas. Un hombre muy polifacético que además de haber dirigido esta película, todas y cada unas de las obras que aparecen en ella llevan su firma y que aprovecha para homenajear, a su manera claro está, haciendo guiños a conocidos pintores como el mencionado Andy Warhol, Kandinsky o incluso a Miró.

No es de las mejores películas de su filmografía, pero se echaba de menos el lado más sincero de Kitano alejándose del cine Yakuza al que nos tiene acostumbrados. Un director muy especial del que me gustaría hablaros en otra ocasión. Por desgracia, aún no se ha estrenado en España, pudiéndose ver solamente en versión original, por el momento. A continuación os dejo con un tráiler de la película pero solamente lo he podido encontrar con subtítulos en inglés.

Crash, de Paul Haggis (Opinión)

Es la sensación de contacto. En cualquier ciudad por donde camines, pasas muy cerca de la gente y esta tropieza contigo. En Los Angeles nadie te toca. Estamos siempre tras este metal y cristal. Y añoramos tanto ese contacto, que chocamos contra otros para poder sentir algo.

Es suficiente con sentarse en un banco en el centro de la ciudad y observar a la gente pasar, para darse cuenta de la falta de conexión que existe entre todos nosotros. Me refiero a la falta de una conexión a nivel sociedad y humano que podría, quizás, hacer que todos podamos convivir en armonía y unión. En las grandes ciudades, uno puede observar la individualidad a la que ha llegado la gente: centenares de personas hablando por móvil o escuchando música con su mp3, gente sentada en el bus ensimismada con sus propios pensamientos, la desconfianza mientras uno anda por la calle temiendo que algún desconocido se le acerque. Hoy en día, la televisión y las nuevas tecnologías, los terribles sucesos que surgen a nuestro alrededor día a día o simplemente el instinto de supervivencia en los casos más extremos, han provocado el miedo más grande en la sociedad y en consecuencia, que el ser humano viva solo para sí mismo y no para con los demás.

En 2004 se estrenó una película, para mí muy especial de manera personal, que resumiria muy bien el actual comportamiento del ser humano en la era moderna y cosmopolita en la que nos encontramos y que la inmigración, la economía y la política han hecho no más que descontrolar con el paso de los años. Crash, escrita y dirigida por Paul Haggis, seria un buen reflejo de como las personas somos más débiles de lo que pensamos en realidad cuando en el fondo, lo que todos anhelamos es un contacto, un sentimiento por parte de otro, la necesidad de atención por parte de los demás. Porque muy en el fondo nos sentimos tan solos a pesar de las apariencias y pienso que el ser humano nunca puede existir de forma individual.

Crash es como un puzzle que nos ofrece jugar con varias palabras relacionadas con sentimientos o comportamientos humanos y que los relacionemos con las imágenes que vemos en pantalla. Porque realmente no tiene un argumento lineal, si no que se trata de varias historias protagonizadas por personas de distintas clases sociales que, de una forma u otra, se entrelazan unas a otras chocando unos a otros en sus vidas, unos para bien y otros para mal, como lo hacen cada día las personas que viven en una gran ciudad. La sensación de choque que usa el director en su película, es una metáfora a los continuos encuentros que tenemos con las personas que nos rodean y de como estos encuentros, muchas veces, conllevan a cambiar totalmente nuestras vidas. Quizás nuestros destinos no estén realmente escritos, pero a veces nos suceden cosas que van más allá de la simple casualidad.

Sus protagonistas es un grupo de personas de ciudad tan variopinto como un policía corrupto con un joven compañero novato, un detective buscando a su hermano desaparecido, un cerrajero hispano, un persa que tiene una tienda de barrio, un director de televisión, entre otros, nos enseñarán como de importante puede ser ese contacto que muy posiblemente, ignoremos todos su existencia. Don Cheadle (Hotel Rwanda, Operación Swordfish), Sandra Bullock, Brendan Fraser, Thandie Newton (MI:2, Las Crónicas de Riddick) o Terrence Howard (Iron Man, Despierto) son algunas de las caras conocidas consiguiendo un reparto de auténtico lujo para una producción que, a pesar de una limitada recaudación (apenas unos 100 millones de dólares), se ganó el respeto del público y la crítica con la obtención de tres premios oscar y dos globos de oro, entre otros premios.

Quizás la única pega que tiene la historia de Haggis que nos impida disfrutar plenamente de su historia es que a pesar de la magnífica ambientación solitaria que consigue transmitir con sus imagenes de la ciudad y de las buenas interpretaciones de su reparto, es que no sintamos una total empatía con la película por haber sido rodada en un ambiente muy distinto al nuestro (hablando de España), concretamente en la ciudad norteamericana de Los Angeles. Realmente no es que sea un impedimento, pero puede que sea inevitable el pensar que no se trata de algo cercano a nosotros, al no pertenecer a la vida de esas ciudades. Por ello, les recomiendo que traduzcan lo que ven en pantalla hacia sus propias vidas y situaciones y que se queden con las historias de sus personajes, sean de donde sean.

Si en su momento les gustó la película o pretenden verla, sepan que en 2008 se estrenó la serie de televisión inspirada en la película, producida por el própio Don Cheadle, pero protagonizada por Dennis Hoper y otros actores con nuevas historias que contar. En España se ha emitido por Canal+ y que actualmente tiene dos temporadas, ya que por el momento la serie no ha sido cancelada. También os recomiendo y mucho su banda sonora compuesta por Mark Isham que ha sabido escribir unas bonitas partituras que hacen recordar con éxito, la sensación de las ciudades y sus vidas.

Sugerencias para ir al cine (Enero-Febrero)

Amerrika, de Cherien Dabis

Una película que recordará mucho a la hace tiempo estrenada “El Buen Nombre”, en el que una madre y su hijo palestinos emigran a EE.UU. para conseguir dar un vuelco a su vida. Ella, una mujer arraigada a su cultura y haciendo lo posible para poder adaptarse a un nuevo mundo trabajando en una hamburgueseria y su hijo, un chico rebelde que no desea perder su própia identidad en un ambiente donde no es bienvenido. Un melodrama que huele a posible Oscar y que podremos ver en España a partir del 15 de enero.

La carretera (The Road), de John Hillcoat

En un mundo destruido y en ruinas tras una cataclismo medioambiental, un padre y su hijo cruzan el mundo buscando un lugar en el que poder asentarse. La comida es escasa, ningún lugar es seguro y el ser humano es el mayor peligro existente, el cual ha llegado al canibalismo para sobrevivir y a la máxima locura. Protagonizada por Viggo Mortensen. Se estrena el próximo 5 de febrero.

Desde mi cielo (The Lovely Bones), de Peter Jackson

Peter Jackson deja a un lado su fantasía de la tierra media (ya que preparan la producción de ‘El Hobbit’) para proponernos una historia mezcla de fantasía y drama que narra la historia de una chica capaz de observar lo que ocurre en el mundo tras su asesinato, intentando averiguar quién fue el culpable mientras por otro lado es testigo del sufrimiento de su família. Mark Wahlberg, Rachel Weisz y Saoirse Ronan (En Busca de la Luz) forman el elenco protagonista. El 26 de febrero se estrena en España.

Avatar – El sueño de James Cameron

Sin duda es la película estrella de este año a punto de terminar y la gente espera con gran expectación la nueva película de James Cameron, a la que sólo le quedan dos días justos para su estreno en salas de todo el mundo.

Televisión, prensa, publicidad viral y toda internet promocionan y debaten cada nuevo detalle que hasta hoy ha surgido alrededor de esta larga y costosa producción que, su director, asegura que será una auténtica revolución para el cine argumentando, en resumidas cuentas, que los efectos digitales y la imagen real será indistinguible.

A raíz de toda esta hype (palabra de la cual hablaremos tras su estreno), se me hace un poco difícil creer que Avatar pueda aportar algo verdaderamente nuevo al cine y no, la novedad del 3D que tanto promociona Cameron, no opino que sea algo novedoso porque en realidad este sistema se utiliza desde hace años con la diferencia de que es actualmente cuando se ha popularizado. Además, por el momento es un sistema de visión muy poco aprovechado en las producciones recientes porque además del alto coste de sus entradas, el noventa por ciento de las películas estrenadas en este formato se pueden disfrutar perfectamente en salas convencionales e incluso, dependiendo del tipo de gafas usadas, se pierde y mucho la calidad del visionado, algo que deberia mejorarse urgentemente, entre otros detalles. De las únicas ventajas que tiene es que mejora la sensación de profundidad en la imagen, pero poco más.

Cuando en 1999 se estrenó Matrix y sus dos secuelas, sí considero que fue un punto a tener en cuenta en la historia del cine actual y marcó una revolución a nivel visual, porque aportó unos efectos digitales novedosos y sobretodo, presentó unas nuevas y originales formas de rodar escenas de acción que por su espectacularidad, se usaron posteriormente de inspiración para películas del mismo género, como por ejemplo, la escena del tiroteo en la azotea de un edificio con su protagonista, Neo, en la que se usó centenares de cámaras instaladas en forma de circuito circular alrededor del actor para que cada una captara sólo una imagen (algo parecido a un efecto dominó) y así poder realizar, sin corte alguno, la escena en 360 grados. El resultado, por consiguiente, no sé si marcó un antes y un después como dicen los medios pero es innegable que desde entonces se suele decir eso de “esta película es como Matrix o lo han copiado de Matrix”. ¿Verdad? Por algo será.

Eso sí, una cosa es que el resultado sea algo nuevo y otra cosa es que las tecnologías usadas para conseguirlo sean revolucionarias o no. Por eso quiero concretar que estoy opinando sobre el resultado o lo que vemos finalmente en pantalla y no de la maquinaria que se ha usado para hacerla, porque es lógico que las tecnologías mecánicas e informáticas avanzan a paso gigantesco diariamente.

Avatar no creo que consiga la sensación que sí lo hizo la inserción del sonido en las películas o posteriormente la aplicación del color. Para mí, será una película que ha de verse en pantalla grande y nada más. ¿Su argumento será novedoso? Simplemente es la historia de la humanidad invadiendo un planeta para conseguir sus recursos y un soldado que consigue infiltrarse entre sus habitantes, se pone en contra de los suyos para proteger el mundo que les pertenece. Añadamos a esto algunos giros de guión y muchas escenas de batalla y ya tenemos una película de casi tres horas. Que conste que todo esto lo muestra el tráiler, no he dicho nada revelador. ¿Revolución visual? Después de Matrix, El Señor de los Anillos y otras producciones de gran presupuesto, visualmente me parece una más. ¿Entonces qué es lo realmente revolucionario que según James Cameron cambiará el modo de ver el cine? El 3D, ahora mismo, no parece serlo pero veremos que nos depara el futuro. Porque según él, lo será. La imagen y sonido siguen al mismo nivel y los argumentos de las películas, mayoritariamente, son muy flojos (en ese aspecto, las series de televisión sí ha superado el cine y con creces).

Yo voy a ir a ver Avatar y seguro que me va a gustar mucho y será todo un entretenimiento, pero a no ser que, por decir un ejemplo, nos den unas gafas de realidad virtual en el que podamos ser nosotros los protagonistas de la película, me parece que “todo está inventado”. Como mínimo, hace tiempo leí un artícula que estaban desarrollando una tecnología que permitiria sentir, con el olfato, los olores correspondientes a lo que vemos en pantalla. Vamos, que lo único que nos faltaba es que la sala de cine huela a mierda. Una auténtica revolución tecnológica.

Os dejo con un tráiler extendido de unos tres minutos de duración. ¡Disfrutad de la película y esperamos vuestras opiniones!