Recuerdo cuando vi de pequeño mi primera película de John Woo. Se trataba de Hard Boiled, la cinta de acción que llevó a Chow Yun Fat a ser el conocido actor internacional que es ahora. Chow y Woo trabajaron juntos durante muchos años en el género de acción y una larga filmografía asi lo demuestra, hasta que el director quiso hacer sus pinitos en Estados Unidos, unos con mayor éxito que otros, como Cara a Cara entre las mejores. Hard Boiled cuenta la historia de Tequila, un policía que tras el asesinato de su compañero decide vengarse de toda la banda criminal responsable de su muerte. Esta película del año 92, a pesar de no tener un argumento rico en profundidad, heredó una nueva forma de hacer cine de acción con tiroteos y explosiones como protagonistas de modo realista y sin uso de efectos digitales. Una manera tradicional que se ha perdido con los años y es precisamente el cine oriental quien aún lo conserva a duras penas, ya que se dieron cuenta de la facilidad con la que pueden trabajar usando nuevas tecnologías y que, en mi opinión personal, rebaja por enteros la calidad de sus producciones, siempre hablando del género de acción. Las películas de Jackie Chan son un buen ejemplo de ello pero hoy en día este artista que nunca ha necesitado dobles también se ha modernizado y es que los años pasan y si no lo creen, comparen los inicios de la filmografía de John Woo con la producción que hoy nos ocupa, Acantilado Rojo o internacionalmente conocida como Red Cliff, la última producción de Woo que ha tardado dos años en estrenarse y además, lo ha tenido que hacer de forma reducida ya que su duración original supera las cuatro horas de metraje (y decían que Avatar es larga).
La referencia de Hard Boiled viene a que en esta ocasión, Tony Leung, quien fue compañero de Chow Yun Fat, se convierte en esta épica y bélica aventura cantonesa en el protagonista de Acantilado Rojo, la historia de de un vil Primer Ministro de China que declara la guerra al país, engañando al propio emperador, con el deseo y la ambición de conseguir el poder absoluto y reinar sobre el resto de regiones. Para ello, mandará un ejercito masivo de hombres por tierra y mar con el objetivo de destruir el bastión protegido situado en el acantilado rojo, guardado por los ejércitos del sur y del oeste que a pesar de sus diferencias, unificarán sus fuerzas en defensa del emperador para derrocar al enemigo en una batalla sin precedentes que cambiará la historia de China.
John Woo se adentra por primera vez en el mundo de la batalla a campo abierto con caballos y espadas, tras muchos años de trabajar en sus películas con armas de fuego en variopintos escenarios ya sea contando historias de policias, criminales o agentes en misiones imposibles, contando una historia de amistad y valor en su producción más cara jamás rodada en el que aún usando tecnología digital en las secuencias de más amplia visión como por ejemplo en las panorámicas durante las batallas, se ha de reconocer el buen gusto que ha mantenido desde sus inicios para transmitir el mayor realismo posible, esta vez con un alto coste en decoración y extras. Es increíble ver la cantidad de detalles en la multitud de embarcaciones con su respectiva tripulación y extras durante las marchas o fijarse en los hombres luchando en tierra usando distinto armamento, desde lanzas y espadas a explosivos caseros y también ideando estrategias de combate, algunas simples y conocidas por haberse usado en la historia militar (como la formación tortuga romana) y otras ya un poco más imaginativas que desarrolla por ejemplo, durante la escena de la, dicho de alguna forma, “trampa circular” a la que es sometida el enemigo. Es lo mínimo aceptable que se le puede pedir a una película que en sí misma se trata de una larga batalla de dos horas de duración en el que, de paso, intentan meter en medio algo de romanticismo que desgraciadamente, se queda muy a la sombra de la acción en pantalla. Es por eso que Acantilado Rojo no llega a ser lo épica que podría haber sido, desaprovechando una oportunidad única de contar una buena historia de héroes y guerra.
El único punto en contra que le veo y aún siendo yo muy aficionado al cine oriental, es que quizás el toque fantástico que ha usado John Woo en esta producción esté un poco fuera de lugar. Las luchas son toda una coreografía muy visual, lleno de movimientos muy coordinados que como punto a favor y al ser escenas rodadas a un ritmo natural, el espectador es capaz de ver en todo momento lo que sucede durante la lucha y por lo tanto no llega a tener esa sensación de confusión que acostumbran a enseñar en el cine hollywoodiense de éste tipo. El punto en contra viene a que en ocasiones, pienso que exagera un poco cuando intenta homenajear al cine antiguo cantonés con los saltos y movimientos que llamaban tanto la atención. Para los que no entiendan esto último, me refiero a las películas que se rodaban antiguamente de kung fu o guerreros y que en la época contemporánea la película de Tigre y Dragón de Ang Lee (entre otras) hizo que volviera a despertar ese formato. Quizás la nueva cinta de John Woo debería haber sido puramente bélica, reforzando la acción en sus imágenes, pero hay que reconocer que el estilo de rodaje del director sigue intacto, reconociendo su firma en cada imagen que pasa por pantalla.
A los aficionados del cine oriental les va a encantar y a los que no, pero les guste una buena historia bélica, la nueva propuesta del director no les defraudará, siempre que estén dispuestos a aceptar de por sí algunos detalles sin importancia que para nada rebajan la calidad del filme. Su argumento quizás sea un poco flojo pero en las películas de John Woo creo que nunca ha importado eso.
A continuación les dejo dos trailers, el de la película comentada y el de Hard Boiled, para que puedan comparar el antes y el después del director. Verán que por mucho tiempo que pase, John Woo sigue en forma.











¿Qué es arte y qué no lo es? Es una pregunta que siempre pasa por nuestras cabezas cuando visitamos exposiciones o galerías de arte y yo por lo menos, nunca he sabido responder y aunque lo quieran disimular, pienso que ni los expertos lo saben a ciencia cierta. A mí particularmente me encantan las exposiciones fotográficas o las de pintura y, que conste, que soy un completo ignorante en historia del arte, pero me gusta ver las técnicas que han usado para sus cuadros o lo bonitas que son las imágenes que han conseguido capturar con una cámara. Pero si me preguntaran qué significa o que pretende transmitir, nunca lo adivinaría (refiriéndome a exposiciones de carácter abstracto, claro) o si me preguntaran de qué tipo de expresión es este cuadro (cubismo, impresionismo, etc.) y qué significa, se me quedaría la misma cara de gilipollas que si viera un oso de peluche sobre una mesa con un cartelito que pusiera, por ejemplo, Andy Warhol – Amor Peludo. Nunca sabré en verdad qué es aquello merecedor de considerarse arte y qué no, porque pienso que hoy en día a cualquier cosa se le llama arte y es el tema del que habla la última película de Takeshi Kitano: Aquiles y la Tortuga, una película que habla sobre qué es el arte para cada uno de nosotros en clave de humor y drama al puro estilo que nos tiene acostumbrados Kitano si es que estáis familiarizados con su filmografía, realizando una crítica en forma de parodia dirigida al mundo del arte.



La carretera (The Road), de John Hillcoat
Desde mi cielo (The Lovely Bones), de Peter Jackson